domingo, 11 de diciembre de 2016

Arte-crítica-Artículo-Exposición 'Víctimas del baile' (Turallas A. de Falo Papas)



-MÚSICAS DE UNA CIUDAD-
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 En1874, el músico ruso Modest P. Músorgsky compuso ‘Cuadros de una exposición’, una serie de números musicales basados en las pinturas y  obras de un amigo suyo, que fueron expuestas póstumamente. Las pinturas ofrecieron el elemento extra-programático que estructuraba las piezas musicales compuestas en función de ellas .En el S.XIX, la música programática ocupaba un lugar importante en el espíritu musical decimonónico que pecaba de eurocentrismo  y  alrededores. Musicalizar pinturas.
En La Plata, casi un siglo y medio después, la exposición Víctimas del baile por Augusto Turallas, de Falo Papas, invierte los elementos y entrega al espectador un conjunto de pinturas, doce en total, cuyo elemento programático  es la influencia musical de discos de rock platense de las últimas dos décadas, elegidos por puro gusto e interés. Pictorizar música.


Pictorizando discos
Antes que nada debe quedar clara la idea. Si bien el concepto re-interpretación revoloteaba confuso, absorto  y ajeno de sí sobre la muestra (¿Acaso debiéramos re-interpretar también ese concepto?), debemos decir que poco y nada hay de ello en Víctimas del baile.
Si bien las palabras suelen  enmascarar las ideas, presos del lenguaje, se presentaban pinturas como ‘tapas alternativas’ a las tapas que esos discos ya tenían, pero no desde esa misma tapa como objeto referencial (y aquí mismo anidaba la confusión), más bien desde el hecho de crear una pintura influenciado por los efluvios musicales de  esos discos, y desde allí proponerlas como tales. Creación (vía elemento extra-programático, y posterior propuesta como tapas alternativas) y no re-interpretación.
 
En música es muy común  en estos tiempos, hacer versiones nuevas de temas viejos, donde lo jugoso es la originalidad  del arreglo, proponiendo un ropaje nuevo, donde el contraste se establece inmediatamente con el original y todas sus restantes versiones a través de la relación norma/desvío. Pues esto es lo que NO proponía la exposición. La analogía musical más precisa es la de componer una música totalmente nueva en función, si se quiere, del impacto subjetivo de una determinada obra musical, sin ninguna referencia a la textualidad propia de esa obra.
Autos, moto, robot, figuras humanas, aerosol, pájaro, astronauta..., cosas simples ofician de figura, mientras texturas cargadas de curvilíneas multicolores configuran la trama de fondo, en general cargadas y  de modo caótico. Sobresalen dos pinturas de textura simple donde la limpieza del fondo de un solo color eyectan a las figuras más abstractas de la muestra a un páramo de soledad y delicadeza donde la subjetividad ha anclado para reencontrarse en su sí mismo, propia de esa perplejidad obsesa que cierta contemplación musical impone, reduciendo el caos del ruido rockero a una sensación personal de ensimismamiento emocional.


El cuadrado, el rock, y la última cena.
Las tapas de los discos en CD son de 12  x 12.La obras expuestas son de 1,50 x 1,50 mts. Y son 12, una por cada centímetro de lado del cuadrado.
El rock es un cuadrado, en plena alusión al 4 x4, que es la métrica (compás) predilecta del Rock.
El Galpón de la Grieta, si bien es un rectángulo, la zona de exposición delimitaba, tranquilamente, un cuadrado.
Las obras se ‘tocaban en vivo’ concertadas por su autor, una sola cita para la exposición: un recital plástico.
Falo discurría vestido de negro (signo del luto ante su sacrificio inminente) entre sus doce apóstoles. Una pintura, el Judas de la exposición, reposaba cerca de la entrada como escapándose de a poco, de espaldas a la gente, y entregaba como ofrenda, entre el puro metal y la lejanía de las demás obras, un corazón en el capot. La referencia a la sangre. La referencia a Jerry Crumar y sus putas V.I.P., tan cercano simbólicamente a R.I.P. La referencia a esa supuesta banda y su disco al que Google no relaciona con absolutamente ninguna entrada. La referencia a la única pintura, que en las miniaturas, conjuntamente expuestas y enmarcadas en el lateral derecho del salón, estaba dada vuelta. La aparición del supuesto mismo Jerry en el escenario repleto de teclados. Músicos bajados de las pinturas, decodificando nuevamente lo pictórico y devolverlo a su lenguaje evocativo original, volverlo música. Vuelta al origen.             
Un misterio. ¿Un misterio?


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En la noche platense del 23 de noviembre de 2013, Augusto hace pie desde el colectivo de arte Falo Papas para emerger  con una guitarra de acrílico y lienzos, y descerrajar 12 tracks de colores en las paredes del Galpón de La grieta.
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 Reseña por SINTOMA-curadores-

http://issuu.com/sintoma/docs/resena19

MARCO ARMELLINO
Noviembre 2013