A continuación describo los conceptos, a mi punto de vista más importantes, a fin de vislumbrar un acercamiento a la conceptualización epistemología de una vanguardia argentina, que son producto de las exposiciones de algunas de las personas que han intervenido en el ciclo.
Andrea Giunta:
(Historiadora del Arte, docente e investigadora de
El antiinstitucionalismo como rasgo de la vanguardia es una perspectiva limitada para definir lo latino americano. Esta limitación conceptual viene del libro de Burguer, al que habría que enfocarlo desde su historicidad, su contexto.
Andrea Giunta toca un tema central: critica el antiinstitucionalismo como rasgo distintivo de las vanguardias, y muy sabiamente se pregunta:
¿En que medida pudo la vanguardia latinoamericana definirse centralmente por su antiinstitucionalismo cuando las instituciones o bien no existían o se originaban al mismo tiempo que los gestos y las estrategias de vanguardia?
Para aclarar esto cuenta que el muralismo mexicano ha sido visto como vanguardia, ya que se convertía en anti-institucional al salir del ámbito de las instituciones y acaparar lo público, pero esta lógica, dice, oculta otra institucionalidad, para ella más poderosa que la anterior, que la del estado que otorga subsidios, consignas y que administra muros, por más públicos que sean.
El sentido de lo experimental, de la exploración del material, de la indagación en la forma y en los recursos del lenguaje, son aspectos que hasta cierto punto son obliterados por Burguer, y que juegan un papel muy importante para hablar de vanguardia en Argentina.
También comenta que el arte Argentino enarbola la ausencia de programa (objetivos, propósitos), y por supuesto toda responsabilidad respecto de lo que anticiparon las precedentes vanguardias. Renunciando a esto, también se renuncia a toda justificación de discurso, a toda interpretación. El gesto de renuncia es justificativo en cuanto no se reproduzca como un gesto vacío en si mismo:
“Un gesto de iconoclasia que puede repetirse como un tic, como una mueca, como un movimiento involuntario que no remite a ningún otro sentido mas allá de su propia gestualidad monótona”
Horacio Tarcus
(Historiador, docente e investigador de
No pueden pensarse las vanguardias artísticas desvinculadas de la historia, de las vanguardias políticas. Son como historias paralelas que se cruzan y se prestan elementos entre si, y ciertas veces confluyen en el tiempo marcando hitos históricos-artísticos.
Para citar algunos ejemplos: el Futurismo y los movimientos de vanguardia de
Lo que hay que tener en cuenta es la historia de sus encuentros y desencuentros, dice, quizá lo que tengan en común, es el hecho de querer provocar o promover un cambio de vida.
En definitiva, cuenta, lo que habría que cuestionar es esa escisión entre vanguardia artística y vanguardia política, como esferas separadas de la experiencia humana.
Guillermo Piro
(Poeta, narrador y traductor. Coordinador de Critica Literaria del Rojas)
Se pregunta, en términos literarios, no solo se existe actualmente una vanguardia, sino, si alguna vez ha existido alguna; y extiende su duda al pensar si no serán empresas de importación, en cuanto muchas veces lo que ha sucedido como vanguardia en argentina, había ocurrido ya tiempo atrás en otros lugares: Girondo-Apollinaire, Manuel Puig- Ivi Compton Burnett, por solo citar algunos.
Hoy es imposible pensar una vanguardia cuando no hay mercado. No hay industria editorial, no hay nada.
Otros de los rasgos que empeoran la cuestión, dice, se relaciona con el exceso de prolijidad, de virtuosismo, de buenas intenciones, de bondad; y afirma que el futuro de la poesía está en los malos escritores porque son los que corren grandes riesgos, los que no se cuidan.
También afirma que hay una especie de vanguardia “minusválida”, y comenta la conferencia que dio Enzensberger en Alemania, presentando la maquina de hacer poesía, una especie de maquina de escribir que hacía combinaciones de palabras, y ante una pregunta respondió “Yo escribo mejor que esta maquina; si alguien no es capaz de escribir mejor que esta maquina no tiene que dedicarse a la poesía”. Entonces Piro remata diciendo que si uno pone mal las comas o escribe mal, puede pasar por vanguardista.
Otro de lo puntos más importantes de su disertación, es el que alude a los editores, diciendo que estos son la vanguardia y no los autores. Son ellos, cuenta, los que conservan gestos irreverentes, son editoriales muy pequeñas que han surgido últimamente, y de ellos depende la renovación. Ellos y todo su equipo satelital (críticos, informantes, etc.), son los que preparan la pista de aterrizaje de los futuros renovadores, para que no sean rechazados cuando aparezcan.
Cuenta un caso muy particular, de una novela editada por un sello muy pequeño; dicha novela llevaba como título “El mendigo chupapijas” de Pablo Pérez, del cual Guillermo Piro afirma lo siguiente:
“Me atrajo ese gesto irreverente, ese gesto de oponerse a todo el sistema cultural”, “…la novela en sí desilusionaba muchísimo porque era mucho mas irreverente el acto de editarla, que el acto de escribirla o leerla”
Piro termina su discurso, afirmando que en parte, el futuro de la vanguardia depende de apostar resuelta y fanáticamente a la mediocridad para fundar una industria cultural, y esperar que a partir de esto aparezca alguna fuerza vanguardista que se le oponga.
Ana Longoni
(Licenciada en Letras y docente de
Pensar que vivimos el futuro de las vanguardias, es una paradoja de doble fracaso, porque si la vanguardia pensaba unir el arte y la vida, no fue ella quien lo logró, sino, la tecnología; y por el otro lado, pensar que desde la posguerra las vanguardias tienen una posición hegemónica, también es fraude o fracaso, ya que esos gestos subversivos fueron integrados a la institución arte e incorporados, por lo tanto, dentro de lo que se atacaba, volviéndose un ritual tedioso y conservador, y siendo blanco de las clases dominantes.
Pero hay otros que piensan de otro modo, ya que retomar los lineamientos de la vanguardia histórica, puede llevar a desatar todas aquellas energías utópicas, y ser pensadas no como una anticipación de futuro pensada por ellos, sino, como nuestro mejor pasado, un pasado que prefigura nuestra contemporaneidad como una imagen fantasma.
Ya sabemos que las vanguardias son un cúmulo de experiencias cruciales del S. XX, pero la cuestión es desde que sentido puede leerse, y reapropiarse ese legado. Pensarlas como tradición en tanto componente activo del presente, como un legado en disputa, ya que pueden rastrearse tanto desde lo hegemónico como desde la oposición, como pugna por definir su sentido.
De algún modo, la vanguardia argentina fue una vanguardia “moderada”, ya que se la ha despolitizado, reduciendo los cruces entre arte y política, y por lo tanto, la densidad utópica de las obras. Para corregir esta cuestión, habría que recuperar esos cruces omitidos, para acercarnos a esa revulsividad que todavía podrían guardar en la definición del presente.
Para cerrar, hace referencia a dos intervenciones callejeras y colectivas que se han realizado recientemente en Buenos Aires.
Una es la del grupo Etcétera, que en 1999, expuso frente a la puerta de acceso de “Dalí monumental”, su versión de La última cena, consistiendo esta en una pintura donde se veía a Cristo junto a Videla, Menem, La pantera Rosa, Lenin, entre otros; de lo que se trataba era de decir” No traigan a Dalí”, desde una forma muda y pictórica, remedando el gesto que dos jóvenes y desconocidos en ese momento (Duchamp y Dalí), habían tenido ante una exposición de Da Vinci en España, para la cual habían preparado una pancarta con
El otro caso es de un colectivo sin nombre, que en 2002 replicó una acción en homenaje al Che Guevara que había fracasado en 1968, la cual consistía en teñir de rojo las aguas de las fuentes porteñas. En aquel entonces, el agua de las fuentes se renovaba continuamente, por lo cual, el tinte se diluyó en pocos minutos, fracasando con el sentido. La crisis devenida en Argentina actualmente, estancó las aguas de las fuentes, y entonces la fuente del Congreso se tiño de sangre.
Para terminar de ilustrar estas intervenciones, Longoni dice lo siguiente:
“Dos citas, dos homenajes a la vanguardia”,
“Formas distintas de apropiarse de ese legado, desde la vuelta de tuerca o la mitificación, para intervenir el presente”
Y concluye aseverando que la vanguardia no se define por ser una enciclopedia de recursos o una reserva textual, sino, por el efecto sobre el entorno, el contexto en que interviene, y por su condición utópica.
JorgeDubatti
(Licenciado en letras, docente e investigador, director del Centro de Investigaciones de Historia y Teoría Teatral del Rojas)
Dubatti habla de la vanguardia en relación al teatro. Piensa que la vanguardia debe ser considerada tanto como una categoría histórica, o sea una herramienta teórica para pensar la historia teatral, como un período concreto dentro de la historia del teatro occidental. Como categoría historiológica la define como “una radicalización inédita del fenómeno de lo nuevo dentro de occidente”, y explica que la vanguardia implica la vez primera en que se lucha, no contra algo inmediatamente anterior, o algo puntual, mas bien contra toda la institución teatral como totalidad, es decir, todo el desarrollo histórico en sus formas de producción, de circulación y de recepción.
Afirma que a la vanguardia teatral le correspondería un período muy breve, entre 1909 y 1939, y que los fundamentos en ese período son dos rasgos esenciales: la búsqueda de la fusión entre arte y vida, y la búsqueda complementaria de la disolución de la institución arte. De estos dos rasgos, considera el primero como el que de algún modo ha sido el más realizable; y al segundo como un imposible, ya que:
“…en la medida (la vanguardia) en que va instalando su régimen de afecciones, su poética, su pragmática, va instalando su propio museo, va construyendo su propia institucionalidad. Es decir, va siendo tomado por la institución arte, va institucionalizándose. Por lo tanto, la práctica artística fuera de la institución arte es imposible. Porque la institución arte devora a la vanguardia, o la propia vanguardia se encarga de sumarse a la institución arte”
También dice que lo que se ha llamado vanguardia corresponde más a un proceso de modernización que a los rasgos que identificarían a las vanguardias más históricas, como la identificación del arte con la vida o su anti-institucionalidad. Por lo tanto:
“…lo que en el teatro de Argentina corresponde al lapso de la vanguardia histórica sería modernización; es decir, una apropiación de las grandes poéticas que implicarían un pulso menos radicalizado de cuestionamiento y superación critica de lo anterior”
Luego considera que para él, los grandes legados de la vanguardia en el campo teatral serían:
-Función de “desautomatización” de la percepción de la realidad.
-Mecanismo de traducción de lo nuevo.
-La capacidad del arte de incidir políticamente.
-El arte como encarnación de lo político, como práctica de lo político.
-La “religación con lo arcaico”, como apocatástasis, como el regreso a los orígenes (en clave Artaudiana)
Por último, llama la atención de la capacidad del arte de incidir en lo real, pero no en vinculación como lo macro-político, sino, en el orden de lo micro-político, ya que se cree que la vanguardia suele asociarse con gestos muy ruidosos, y por el contraria también puede concretarse con gestos muy silenciosos, con gestos absolutamente micro-políticos.
Federico Monjeau
(Docente titular de Estética Musical de la carrera de Artes de
Monjeau comienza su discurso de modo crítico hacia Burguer, denotando algunos rasgos que no encuentran ecos en al caso de la música:
“La música no se lleva bien con las premisas de lo que Burguer define como características del arte de vanguardia, o como la condición de la vanguardia, básicamente la crítica al ideal de autonomía, la crítica a la institución arte, y, lo que es más importante, la crítica al ideal de organicidad. Me parece que en el caso de la música, si nosotros consideramos movimientos o escuelas que nadie podría sustraer de la experiencia de vanguardia, como es el caso del atonalismo, primero, y después del dodecafonismo, nada de eso se produce a partir de una crítica al ideal de autonomía, sino a partir de una profundización de ese ideal; y nada de eso se produce en contra de una organicidad, sino a favor de una organicidad mas justa”
Defiende la idea de vanguardia como, simplemente, arte de avanzada, más allá de la doctrina Burguereana, diciendo que pensándolo de este modo, el término es amplio y hospitalario; y que con respecto a pensar la vanguardia a partir de un material que va evolucionando históricamente dejando atrás otros materiales, esa es una idea que no sobrevive.
A este último comentario, cita el caso de Gandini, cuya obra refuta el concepto modernista del material histórico, al construir muchas de sus obras a partir de citas de otras músicas de la tradición centro europea. Según Monjeau, Gandini no buscaba afirmar una tradición, sino, salir de los lugares comunes, y cita unas palabras de este compositor:
“Hoy lo nuevo no está en los materiales, sino en la sintaxis, en la manera en como esos materiales se combinan entre si”
Luego, Gandini, deja de utilizar las citas de fragmentos, más o menos evidentes, para pasar a un período de mayor abstracción, para dar lugar a la cita, por ejemplo, de un género. Entonces en el, la vanguardia sobrevive como huella.
Para terminar, Monjeau, adscribe a la idea de una “tradición” de la vanguardia , y que esta está ligada fuertemente a la idea de progreso artístico, pero no en el sentido de mejora, mas bien de un arte impelido por la necesidad de lo nuevo.
Flavio Janches
(Arquitecto, urbanista y docente de
Primeramente deja planteado el hecho contradictorio que asume una vanguardia arquitectónica, donde por un lado trata de construir un hecho cultural representativo de la sociedad, y por el otro debe responder a cuestiones de funcionamiento, tecnología, presupuestos, y otra cantidad de cosas que son ajenas a la voluntad del arquitecto y representativas a la vez, del poder al que responde; y plantearse entonces una idea de vanguardia, es plantearse como transgredir la institucionalidad que representa.
Otra circunstancia es la cuestión editorial, ya que hay una exageración de publicaciones que son las que marcan tendencias, y por lo tanto el pulso de la vanguardia:
“Sintetizando, esas instituciones-las empresas de tecnologías, los fondos de inversión y las publicaciones- son las que manipulan la ficción de las vanguardias y los mitos internacionales, modificados a una velocidad casi bimestral, que coincide con cada nuevo número de las revistas”
Un caso de vanguardia ideal, puede ser ejemplificado por Le Corbusier y Mies van der Rohe, considerando un espacio construido en función de un espacio abierto, sin límites y transparente; si el espacio perfecto era delimitado e identificable, entonces este nuevo espacio es el anti-espacio. Aclaro luego, que estas ideas se traducen en Buenos Aires no como vanguardia, sino, como estética:
“ Hoy, como ya dije anteriormente, no encuentro una vanguardia basada en la transformación profunda de los paradigmas construidos en el movimiento moderno; lo veo mas como un transformación de parámetros espaciales que, en muchos casos, conforman una moda modificada a una velocidad que no da tiempo ni a discutirlas”
Aníbal Jarkowsky
(Novelista, docente secundario y universitario, crítico especializado en literatura Argentina del S. XX)
Jarkowsky opina que en parte, la resonancia que ha tenido la vanguardia se debe al hecho de haber introducido, de manera violenta, una nueva dimensión en la obra artística, que es la ilegibilidad; las obras en vez de definirse por su claridad o transferencia, comienzan a serlo por su condición ilegible.
Luego hace una distinción entre lo nuevo y lo actual en arte, y los piensa como contrarios. Los gestos de las vanguardias se han definido por lo nuevo, y presentan características de ilegibilidad; lo actual, para adquirir la categoría de tal, tiene que haber perdido la novedad: “La vanguardia convertida en actualidad es un sinsentido”, afirma, diciendo que hay muchas obras que empezaron siendo nuevas y hoy son actuales.
Diana Teocharidis
(Coreógrafa. Dirige actualmente el Ballet del IUNA, y el centro de experimentación del teatro Colón)
Cuenta que en los años sesenta, la vanguardia en el campo de la danza, se sitúa en ruptura, no solo con la danza tradicional y el ballet, sino también con la danza moderna. Lo que se cuestiona es el uso de los escenarios a la italiana, la cuestión del espacio en función con la simetría y la perspectiva a la italiana, la noción de espectáculo, la relación entre el movimiento y la música, y todas las cuestiones que antes eran obvias.
Luego dice que en la danza posmoderna:
“…los bailarines salen a la calle, bailan en los techos, en las paredes o en los galpones-a veces los coreógrafos ni siquiera usaban bailarines, usaban gente no entrenada-es evidente que las herramientas adecuadas para obras que se desarrollan en un espacio teatral no son adecuadas”
Lo que en un principio tuvo la intención de generar un cambio en algún área estancada, también intentó terminar con las utopías, con los grandes maestros y con las definiciones estéticas mayores. Esto es lo que ha generado esa cierta sensación de vacío.
Ella comenta que existe cierto semblante de vanguardia, que se relaciona con querer diferenciarse de los demás, con conformar cierta elite; entonces se concurre a ciertos festivales, se buscan ciertos rasgos comunes, se busca estar en el club de la vanguardia.
En la danza Argentina, no se pasó por ciertas etapas, si se hicieron cosas, pero que tienen que ver con cierto semblante de vanguardia. En la danza también se generó ruptura de ciertos parámetros, y esto devino en obras donde el agrupamiento de los materiales es absolutamente casual:
“Decir que algo es de vanguardia simplemente porque no hay un nexo lógico entre los materiales o el agrupamiento, es efectivamente casual, constituiría una simplificación y no sería obviamente lo mismo que reconocer en ese material relaciones de tensión, que impliquen una forma de pensar original”
La expositora culmina su alocución haciendo referencia a la vanguardia como una cuestión más de género que conceptual: de concurrir a tales lados, de hacer tales cosas. No se puede hablar de vanguardia en términos generales como un movimiento, más bien hay vanguardia en obras donde existe una renovación en algún aspecto estancado, o hay algo nuevo.
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